Desarrollo de la escucha activa y el canto Védico
La tradición oral del canto Védico ha sido declarada patrimonio intangible de la humanidad por la UNESCO en 2003. Ha sobrevivido miles de años a través de elaborados métodos nemotécnicos y una técnica de aprendizaje (escucha y repetición) que ha preservado una de las más antiguas literaturas de la humanidad. La proclamación dice que en la era de la globalización, cuando la diversidad cultural está bajo presión, la preservación de esta tradición oral tiene un gran valor.
De un modo extremo, Occidente se ha convertido en una cultura orientada hacia lo visual, con la consecuente devaluación de lo verbal y sonoro. Han primado los textos escritos y las imágenes mientras que lo verbal se ha desatendido en gran parte.
Obtenemos la mayor parte de la información por medio de la lectura y nos comunicamos a menudo por escrito. Muchas personas sienten que están perdiendo o que nunca han cultivado la habilidad de la escucha activa. Hace tan solo cincuenta o sesenta años, sin embargo, esta costumbre era más habitual en Occidente. Primaba la enseñanza del alfabeto y las tablas básicas de matemáticas escuchando al maestro y repitiendo con la clase. A menudo se recitaba poesía por placer, se cantaba en familia y los juegos de palabras eran habituales en viajes largos en coche. La radio era la principal fuente de información y diversión cotidiana y se valoraban las largas conversaciones con amigos cercanos y parientes.
Las cosas han cambiado. La televisión y los ordenadores dominan el mundo de la educación y la comunicación permitiéndonos cubrir largas distancias con sorprendente inmediatez.
Parece ser que cuanto menos nos exponemos al reto de relacionarnos a través de la escucha activa o a retener y repetir correctamente lo que hemos oído, más se debilita esta habilidad por falta de uso y más nos encerramos en nuestro mundo particular.
Necesitamos recuperar la experiencia sonora como medio de transformación.
En el canto Védico tenemos una herramienta excelente que nos permite:
- Refinar nuestra habilidad para la escucha activa
- Aumentar la memoria y la concentración
- Desarrollar una relación más íntima y confiada con nuestra propia voz
- Aumentar nuestra sensación de bienestar y preparar el estado meditativo y la experiencia de silencio interior
Al principio del primer capítulo del Taittiriya Upanishad, Siksa Valli, se presentan las reglas para asegurar una buena calidad de canto. Se deben refinar seis aspectos del canto: la pronunciación de las letras, las notas, la métrica, la fuerza con la que se canta, la calidad musical y la puntuación - continuidad o corte entre las palabras.
Estas reglas, junto a las metodologías de enseñanza surgidas a lo largo de miles de años de transmisión oral, ofrecen al mismo tiempo un objetivo al que aspirar y los medios para alcanzarlo.
Imaginemos lo que se pone en juego en el intento, incluso de la manera más sencilla, de cumplir con estos seis elementos mencionados más adelante. Al concentrarnos en la pronunciación correcta, los tonos cambiantes, el ritmo, la fuerza de la recitación, la correcta relación entre las notas y los tiempos apropiados para las pausa, todo nuestro sistema se involucra y sentimos la influencia del canto a cada nivel.
La mente debe responder de maneras nuevas y recuperamos nuestra habilidad natural de oír, recordar y repetir.
Existen también aspectos más sutiles del canto Védico: de alguna manera el proceso de escuchar y recitar abre la puerta a sentimientos y conexiones que pueden no estas accesibles durante la actividad cotidiana o incluso tampoco durante otras prácticas.
A pesar de que gran parte del efecto puede ser identificado y explicado de manera lógica, se llega a un punto en el que el pensamiento racional o las palabras mismas se vuelven inadecuadas y la experiencia trasciende la descripción o la explicación.
Existe un misterio que es una parte integral de la experiencia del canto Védico tanto al cantar como al escuchar o al realizar ambas acciones a la vez. La práctica puede llevarnos a un nivel más profundo de experiencia si nos abandonamos a la experiencia meditativa.
Se crea una sensación de intimidad con uno mismo y con los demás extraordinaria.
Y se hacen presentes actitudes como la apertura, la disponibilidad, la humildad y
la gratitud.
Cuando se practica con regularidad, continuidad y atención, el canto Védico despierta el interés por el conocimiento de uno mismo y nos conduce a una transformación positiva de la personalidad.
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